Junio de 1890. En un lugar de Europa, en un cuartel de un Regimiento de Caballería, puede ser de Húsares, Dragones, Coraceros, Alanos, Lanceros, Cosacos... Hay cierta expectación porque unos técnicos civiles han traído un artilugio para hacer una demostración de sus posibilidades. Los oficiales se arremolinan, curiosos, en torno a la máquina, un artefacto metálico de acero pavonado y brillante latón montado sobe un armón de artillería con grandes ruedas de carro. Se trata de una ametralladora, no es totalmente desconocida, pues en la Guerra Civil americana se ha usado, si bien la de hoy, a diferencia de su antecesora, no requiere de fuerza manual para hace fuego continuo, o al menos, eso es lo que afirman los técnicos, quienes, además, afirman ufanos que es capaz de disparar más de 600 disparos por minuto. Se acerca la hora de la prueba, los varios servidores del arma la montan, la alimentan con munición y empieza el fuego...un tableteo infernal, una nube de humo y después... el silencio. Algo ha fallado, los técnicos desmontan el arma, pero son incapaces de hacerla funcionar de nuevo. La demostración ha terminado y los oficiales se retiran, algunos con una sonrisa burlona en el rostro. Nada nuevo, piensan, a fin de cuentas ya llevan unos cuantos siglos conviviendo con la artillería y cada uno ha encontrado su sitio; además, en las últimas maniobras, como siempre, han cumplido brillantemente con sus funciones de exploración, asalto, envolvimiento, todo fiado a la movilidad y a la excelencia secular de jinete y montura.
Agosto de 1914. La guerra ha estallado y los regimientos parten orgullosos hacia el frente...
Diciembre de 1914. Nada ha sido como todos esperaban. Aquel artilugio que apenas una quincena de años era incapaz de funcionar debidamente, ha madurado: los avances en metalurgia y en química la han convertido en una perfecta máquina de matar. Ahora un muchacho apenas leído de un suburbio de Londres, París, Berlín o Moscú ha sido capaz de barrer él solo un regimiento de Caballería, siglos de tradición yacen ahora en el barro...
Julio de 2013. Un drone X-47B hace su primer aterrizaje automático en un portaaviones...
¿Va a repetirse la historia? Obviamente, no lo sé. A veces las cosas no son lo que parecen, asi que permítame el paciente lector hacerle una pequeña coda al cuentecillo volviendo al pasado...
Junio de 1915. Algunos oficiales de Caballería, violentamente “descabalgados” de sus mermados regimientos buscan su sitio en el mundo. Y lo encuentran en una nueva arma, totalmente revolucionaria en donde sus conocimientos seculares de acometividad, empuje, iniciativa, etc. son bien recibidos...algo nuevo va a empezar.
Y ahora, “back to the future”...
Con mis disculpas por la licencia y el abuso de la paciencia.
Junio de 1890. En un lugar de Europa, en un cuartel de un Regimiento de Caballería, puede ser de Húsares, Dragones, Coraceros, Alanos, Lanceros, Cosacos... Hay cierta expectación porque unos técnicos civiles han traído un artilugio para hacer una demostración de sus posibilidades. Los oficiales se arremolinan, curiosos, en torno a la máquina, un artefacto metálico de acero pavonado y brillante latón montado sobe un armón de artillería con grandes ruedas de carro. Se trata de una ametralladora, no es totalmente desconocida, pues en la Guerra Civil americana se ha usado, si bien la de hoy, a diferencia de su antecesora, no requiere de fuerza manual para hace fuego continuo, o al menos, eso es lo que afirman los técnicos, quienes, además, afirman ufanos que es capaz de disparar más de 600 disparos por minuto. Se acerca la hora de la prueba, los varios servidores del arma la montan, la alimentan con munición y empieza el fuego...un tableteo infernal, una nube de humo y después... el silencio. Algo ha fallado, los técnicos desmontan el arma, pero son incapaces de hacerla funcionar de nuevo. La demostración ha terminado y los oficiales se retiran, algunos con una sonrisa burlona en el rostro. Nada nuevo, piensan, a fin de cuentas ya llevan unos cuantos siglos conviviendo con la artillería y cada uno ha encontrado su sitio; además, en las últimas maniobras, como siempre, han cumplido brillantemente con sus funciones de exploración, asalto, envolvimiento, todo fiado a la movilidad y a la excelencia secular de jinete y montura.
ResponderEliminarAgosto de 1914. La guerra ha estallado y los regimientos parten orgullosos hacia el frente...
Diciembre de 1914. Nada ha sido como todos esperaban. Aquel artilugio que apenas una quincena de años era incapaz de funcionar debidamente, ha madurado: los avances en metalurgia y en química la han convertido en una perfecta máquina de matar. Ahora un muchacho apenas leído de un suburbio de Londres, París, Berlín o Moscú ha sido capaz de barrer él solo un regimiento de Caballería, siglos de tradición yacen ahora en el barro...
Julio de 2013. Un drone X-47B hace su primer aterrizaje automático en un portaaviones...
¿Va a repetirse la historia? Obviamente, no lo sé. A veces las cosas no son lo que parecen, asi que permítame el paciente lector hacerle una pequeña coda al cuentecillo volviendo al pasado...
Junio de 1915. Algunos oficiales de Caballería, violentamente “descabalgados” de sus mermados regimientos buscan su sitio en el mundo. Y lo encuentran en una nueva arma, totalmente revolucionaria en donde sus conocimientos seculares de acometividad, empuje, iniciativa, etc. son bien recibidos...algo nuevo va a empezar.
Y ahora, “back to the future”...
Con mis disculpas por la licencia y el abuso de la paciencia.
Saludos.
Pablo.
Sí, posiblemente sea el futuro, por mucho que no nos guste.
ResponderEliminarAh, y en mi humilde opinión, cógete todas las licencias y abusa todo lo que quieras de la paciencia...
SAludos