jueves, 12 de noviembre de 2015

Anecdotario.-

Cuando perteneces a ese reducido grupo de hombres y mujeres que vuelan aviones de alto rendimiento, sabes que tarde o temprano perderás buenos amigos. Siempre es un asco, pero mitigas el dolor bebiendo, cantando canciones obscenas irreproducibles y compartiendo recuerdos entre camaradas. Luego, una vez solo, ya tendrás tiempo para más profundas reflexiones y lágrimas, muchas lágrimas. Eso no cambia, es igual en todos sitios. No importa de donde vengas, ni cual sea tu raza o religión.

Dentro de este hábitat privilegiado del mundo de la caza, existen pequeñas comunidades aún más reducidas que establecen sus propios feudos particulares y concretos a la hora de mantener tradiciones. También para despedir a alguien o algo querido. Algunas de esas tradiciones las experimenté de primera mano mientras vivía con los agresores de Fallon. Ya conocía de mi anterior estancia por estas tierras las diferentes formas de decir adiós, algo que en nuestro mundo nos tomamos muy en serio, seas de donde seas, lanzar una moneda de cinco centavos al césped, darle al Jeremiah Weed hasta que la gente se vuelva borrosa..., pero ¿quemar un piano?.


Quemar un piano. La tradición parece que comenzó en algún momento entre la primera y la segunda guerra mundial, gracias a nuestros amigos los británicos. Es una buena historia, y como toda buena historia en la que intervienen pilotos de caza, tiene al menos un diez por ciento de verdad.

Por aquel entonces la aviación de combate era aún un arte nuevo y desconocido, pero gracias a los continuos y rápidos avances tecnológicos, enseguida comenzó a desarrollarse creciendo de forma acelerada en rendimiento y letalidad. Ello dió lugar a que el estatus de los pilotos creciese en igual medida, pasando a ocupar un lugar prominente entre la sociedad del momento.

Durante ese tiempo, en Inglaterra se estaba llevando a cabo un drástico cambio cultural a la hora de captar nuevos oficiales, pilotos incluidos. Esto era debido a que Gran Bretaña había perdido casi toda una generación de hombres durante la Primera Guerra Mundial, también entre los escalones sociales superiores. Por esta razón, las nuevas hornadas de oficiales estaban siendo extraídas entre el común de la población, y no solo de familias nobles o prominentes. Para completar su núcleo de oficiales, la RAF debía buscar entre los individuos más cualificados entre el general de la población.

El sistema militar británico siempre había preferido oficiales de "noble crianza y alta alcurnia", por lo que la RAF puso en marcha su maquinaria para "civilizar" forzosamente a los nuevos oficiales mediante programas educativos diseñados para refinar los modales y gustos de sus pilotos.

La instrucción en general se hizo muy impopular, fundamentalmente cuando era programada mientras las condiciones de vuelo eran óptimas. Pero de todas las materias impartidas, la que se llevaba la palma en cuanto a rechazo, eran las clases de piano. El alto mando aducía que dichas clases, además de refinar los modales de sus pilotos, aumentaba su destreza y mejoraba la coordinación ojo-mano, poniendo en funcionamiento partes del cerebro que eran necesarias para optimizar su rendimiento cognitivo durante el combate.


Casi todas las bases de la RAF disponían de pianos en su Club de Oficiales para alentar a tocar, desarrollando así sus cualidades de nuevos caballeros. Pero desgraciadamente, los profesores de piano no estaban preparados mentalmente para ejercer la enseñanza entre tan particulares pupilos. Ellos estaban acostumbrados a enseñar a niños (una similitud que por otra parte la mayoría de nuestras parejas consideraría cuanto menos interesante), así que cuando tuvieron que enfrentarse a sus nuevos alumnos, algunos de ellos veteranos de la Primera Guerra Mundial, la normal autoridad en la relación profesor-alumno, digamos que voló cual globo libre de contención. Porque seamos honestos, ¿qué piloto de guerra que se precie prefiere asistir a clases de piano, en lugar de salir con sus hermanos a beber y contar historias de combates con mucho movimiento de manos?. Pues eso.

Al parecer, un día, un joven teniente de vuelo con base en RAF Coltishall, Al Lockwood,  fue a visitar a unos amigos en RAF Leuchars. Su curiosidad se despertó cuando se percató de que los pilotos allí residentes no asistían a sus clases obligatorias de piano. Extrañado, preguntó la razón. Resulta que había ocurrido un terrible accidente en el Club y éste se había quemado. Lo positivo del incendio fue que el piano se fue con él. Aunque el Club ya había sido reconstruido, el piano aún no se había reemplazado dada la carencia de lujos superfluos durante esos días de profunda depresión. Inmediatamente, una luz se encendió en la cabeza del joven teniente.

Como incendiar locales parecía excesivo, incluso entre pilotos de combate, y además nadie quería ver arrasados sus Clubes, los oficiales decidieron arrastrar fuera los pianos y ponerles fuego. La noticia corrió como mecha rápida por toda la RAF, y para evitar daños mayores, el mando decidió oportunamente suspender las clases obligatorias de piano. Desde entonces, quemar un piano se convirtió en un acto tácito de desafío de los pilotos ante una rancia burocracia que les estaba tratando de forma notoriamente injusta. Y de ahí, una cosa lleva a la otra, y a partir de entonces quemar un viejo piano se utiliza entre la comunidad de pilotos de caza estadounidenses y británicos para despedir a compañeros, escuadrones, aviones...., todo lo que nos es querido.








PS.- Un momento....

Hay más. Al Lockwood, el joven teniente de la historia, tuvo años después una hija llamada Annea Lockwood, quien se fue a estudiar música y composición en el Royal College of Music de Londres, completando sus estudios con cursos de música electrónica. Annea se hizo famosa, y especialmente conocida entre los aficionados a la música por su Pieza para "Piano Ardiendo" de 1968. En este trabajo, la compositora quema un piano, lo que permite al oyente escuchar una variedad de sonidos y tonos sin afinación mientras las cuerdas del piano se van calentando hasta romperse.

3 comentarios:

  1. Echaba de menos los artículos.
    Muchas de las fotos son muy buenas, otras, impresionantes.
    Pero echaba de menos los artículos.
    Muchas gracias.

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    1. Y yo también los echaba de menos...

      Ahora, de todo el texto, interesante cuanto menos, me quedo con esta frase: "Es una buena historia, y como toda buena historia en la que intervienen pilotos de caza, tiene al menos un diez por ciento de verdad"

      Para enmarcar JEJEJEJEJEJEJEJE

      1Saludo.Roberto_yeager

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  2. En el buen sentido, hay que daros de comer aparte... Ójala no tengas que quemar un piano, tirar cinco centavos al cesped etc. etc. nunca, de corazón.

    Lo del Jeremiah mejor para los buenos momentos.

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